La primera gran revolución tecnológica de la historia fue la aparición de la escritura. El hombre no sólo podía comunicarse con sus semejantes sino que esa comunicación tenía permanencia.

De las pinturas en las cavernas a la aparición del alfabeto, la escritura pasa de ser mnemotécnica a pictórica; después ideográfica y, por último, fonética. Con la aparición del alfabeto, la escritura cambia hasta que, en el siglo XV y con la aparición de la imprenta, hablamos de tipografía.

Los primeros sistemas de almacenamiento de la información incluyen madera, hueso, metal y tela hasta la aparición del papiro, el pergamino y el papel.

Durante la Edad Media, los monjes copiaban manuscritos antiguos en los scriptorium con el fin de preservar el saber y la cultura. Era una tarea lenta y costosa que comenzó a abandonarse en el Renacimiento, con el aumento del interés por la cultura y la aparición de las ciudades, en las que se desarrollarían las universidades.

La tecnología de la información debe a la xilografía el primer paso importante en la reproducción de imágenes y textos. Es el punto de partida de la segunda gran revolución tecnológica de la historia: la imprenta.

Algunos elementos que forman parte del proceso ya eran conocidos en China pero el mérito de Gutenberg fue utilizar su experiencia profesional y objetos que tenían otros usos para crear un sistema mécanico de reproducción de la información.

A partir de este momento hay que dejar de hablar de escritura y comenzar a estudiar la historia de la tipografía y la evolución de los estilos gráficos.